“Prostitución
infantil”
Se
calcula que en todo el mundo se obliga anualmente a más de un millón de niños a
prostituirse, se les compra y vende con fines sexuales o se les emplea en la
industria de la pornografía infantil. Es una industria multimillonaria donde
los niños ingresan por la fuerza o mediante engaños, se les priva de sus
derechos, de su dignidad y de su infancia. La explotación sexual comercial
condena a los niños a una de las formas más peligrosas de trabajo infantil,
amenaza su salud mental y física, y atenta contra todos los aspectos de su desarrollo.
La
explotación sexual comercial de los niños es el empleo de los chicos con fines
comerciales de índole sexual por una remuneración u otra contraprestación entre
el niño o la niña, el cliente, el intermediario o agente y otros que lucren con
la trata de niños para esos fines.
En
América Latina cerca de 34 millones de niños viven en la calle en situación de
extrema pobreza, que lleva fácilmente a la explotación sexual.
Aunque
la vasta mayoría de las víctimas de la explotación son niñas, esta forma de
abuso afecta a un número cada vez mayor de niños. Por lo general se trata de
niños provenientes de familias pobres, tanto de las zonas urbanas como rurales.
En su mayoría tienen entre 14 y 18 años, aunque hay pruebas de que en algunos
países el temor al SIDA ha generado una demanda mayor de niñas cada vez más
jóvenes. Estos niños ingresan al mundo del comercio sexual mediante el
secuestro, el engaño o la venta; o puede tratarse también de prófugos de sus
hogares o de niños que se prostituyen por su propia iniciativa para poder
sobrevivir, para mejorar su nivel de vida o para adquirir bienes de consumo e
incluso ayudar a su familia.
La
prostitución como estrategia de la supervivencia de los sectores más pobres, no
puede ser considerada como una opción de vida, sino como una forma de
esclavitud.
El
sistema legal de nuestro país presenta serias deficiencias con relación a los
menores, no existen mecanismos efectivos de protección ante situaciones de explotación,
abuso y maltrato, pareciese que tampoco hubiese mucha voluntad política para
generarlos. En muchos casos, la policía forma parte de la red de complicidades
con quienes detentan el poder económico, ligado a la explotación.
El
niño en estas condiciones de vida en la calle o en el medio de prostitución,
genera mecanismos de adaptación que afectan la posterior inserción en otros
ámbitos. La violencia en este medio determina la creación de lazos solidarios
con sus pares, pero también el deterioro de su autoestima.
Los
efectos negativos de la explotación sexual sobre los niños son profundos y con
frecuencia de carácter permanente. A los que sobreviven debe tenerse en cuenta
que algunos de ellos no salen con vida de esa ‘vida’. La experiencia puede causarles
daños físicos y mentales irreparables los cuales a ellos mismos los ha llevado
al suicidio. Las víctimas frecuentemente no reciben la protección jurídica adecuada,
son tratadas como criminales a quienes no les queda más remedio que volver a ingresar
al círculo vicioso de abuso y explotación en niveles cada vez más elevados de
riesgo personal, no se les brinda el apoyo necesario o psicológico para mejorar
su estilo de vida.
Las
causas de la explotación son diversas y, obviamente, su resolución no es fácil.
La injusticia económica, las disparidades entre ricos y pobres, la
migración, la desintegración familiar.
La
ignorancia también desempeña un papel en la explotación sexual de los niños. La
educación de los padres sobre el destino que les puede deparar a sus hijos.
Las
investigaciones han comprobado, a escala mundial, una fuerte correlación entre
los abusos familiares sobre los niños, especialmente sobre las niñas, y la
incitación a participar en el comercio sexual. La madres, en particular, juegan
un papel fundamental en las decisiones de las hijos.
Los
padres cometen el error de vender o prestar a sus hijos porque son sometidos
con engaños de que serán llevados a trabajar en la casa de alguna persona y que
ellos se encargarán de la educación y que los niños se encuentren de la mejor
manera; al hacer esto y tener a los niños son llevados a diferentes lugares como
ciudades, incluso a otros países, a realizar el oficio de la prostitución.
Las
extensas pruebas de la participación de la familia en la explotación sexual
directa de los niños es un hecho inquietante pero quizá no resulta sorprendente,
dada las pesadas cargas y las graves inequidades y dificultades en que viven
muchas familias.
Algunas
veces los niños son vendidos en el comercio sexual por sus progenitores que han
realizado diferentes abusos a sus propios hijos. El niño es considerado como
“disponible” para el comercio sexual y capaz de ganar dinero para la familia.
El pago de dinero a los padres sitúa al niño en una situación de esclavitud
sexual, en la cual estos se ven forzados a mantener relaciones sexuales
comerciales para pagar la deuda de la familia.
Prostitución
infantil (video)
Investigación
de la periodista Lydia Cacho
Lydia Cacho que trata el problema
de la pornografía y la prostitución infantil. Cacho
investiga, revela testimonios y da nombres de algunos responsables, de
encumbrados promotores y poderosos protectores de una gran red de corrupción y
explotación infantil que se encuentran tanto dentro de la industria como de la
política de México.
Este problema, de
dolorosa actualidad en México y buena parte del mundo, es estudiado y analizado
por la periodista. Salen a relucir los nombres de un millonario hotelero con
poderosos intereses en Cancún, Jean Succar Kuri,
de 60 años, que se hallaba detenido por esos días en Chandler, Arizona por agentes de la
U.S. Marshall en cumplimiento de una orden de detención generada por la Procuraduría General de la República (PGR). Del mismo
modo, aparecen nombres de amistades y protectores de Kuri, amistades tan
efectivas que aparentemente lograron motivar al gobernador de Puebla, Mario Marínpara que actuara y
que, con singular presteza moviera los hilos en el poder judicial para
virtualmente secuestrar, hostigar y amenazar a la periodista. Para mayor
información leer “Los demonios del edén”
