Ideas al aire/ El pinche Carlitos


"El pinche Carlitos"

EL LADRILLO Y LA CABEZA

cabulita@hotmail.com

En casa dicen que soy un mal estudiante. Que parece que estoy condenado a vagar eternamente por los pasillos de esta escuela. Que hace demasiados años que ingresé a la Universidad y que no ven para cuando.

Recuerdo que cuando entré aquí, pensaba que mi orientador vocacional se había equivocado: que mis aptitudes estaban detrás de una batería y me sentía atrapado. Como si las paredes se me vinieran encima. Y sucedió de pronto, perdí el ritmo, mi mano derecha no sostenía bien la baqueta y ya no pude llevar los platillos con el mínimo de cadencia. Mi grupo terminó por conseguirse otro baterista cuando vieron que conmigo ya no podían contar. Aunque varias veces los escuche decir que me extrañarían, igual me cambiaron. No entendí porque lo hicieron. Pero al final lo entendí.

Mi retiro de la música, coincidió con la llegada de historias extrañas en la escuela. Entonces estaban construyendo el nuevo edificio de la biblioteca y las cosas caían de pronto y pesadamente.  Decían, que un día, un montón de ladrillos le cayó encima a un descuidado que, faltando a las leyes de la lógica, se quedó dormido cerca del lugar donde  trabajaban.

Otro de esos días, escuché a un trabajador contando que un maestro había muerto mientras daba clase. Aunque algunos llegaron a especular acerca de un asesinato colectivo, el dictamen final fue: infarto fulminante... como sea, el caso es que, en solemne ceremonia, iban a esparcir sus cenizas por la construcción de la biblioteca, lo nombrarían maestro emérito y le darían no sé que reconocimiento  póstumo por su labor académica. Si me lo preguntan a mí, morirse en la cátedra es lo mismo que caerse en el escenario: Pura pinche teatralidad.



Los semestres corrían y yo seguía más interesado en historias y afanes universitarios, que en las materias que cursaba.

Un día, vi salir corriendo a dos de mis compañeros de lingüística, diciendo que ya era tarde y que no querían encontrarse con el estudiante aquel, que murió por sobredosis y contaban, seguía rondando por los pasillos pidiendo un toque… Si los fantasmas existieran, éste debería, como mínimo, ser primo de mi amigo Rolando. 

Ya en el colmo, lo último que escuche fue que una mujer con la ropa ensangrentada, había espantado a una pareja que estaba a punto de desnudarse en un salón vacío, ¿Sería un fantasma moralino o nada más fastidioso? Me pregunto ahora si los fantasmas tienen moral, o si son prejuiciosos… o si todo les vale. En fin. Historias y chismes, siempre vas a escuchar cuando llevas tanto tiempo en el mismo lugar.

Por lo pronto, es viernes. Me voy con mis amigos... Aquí viene Ana, con ese vestidito de motas rojas que le va tan bien… Aunque hoy, no tengo muchas ganas de ir por ahí, brindando y brincando.  Ayer escuche como alguien me decía que me cuidara, que a mi edad puede ser peligroso este ritmo… pero no recuerdo quien, o si me lo dijeron a mi… ya no sé… a veces no se como es que escucho tantas cosas... es como si nadie me viera.

2 comentarios:

  1. Extraño cuento, dicen por ahí que también eni escuela romda alguien por los pasillos. ¿Será?

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  2. Interesante cuento. Dicen que un fantasma ronda por mi escuela también. ¿Será?

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